Contar con un lugar donde acoger a nuestros buenos amigos era el sueño de cualquier sociedad protectora animal. Conseguir un espacio donde protegerlos del peligro, de las inclemencias meteorológicas, de la enfermedad, del maltrato, y de la incomprensión e intransigencia humana: Un refugio. Los pioneros del Buen Amigo consiguieron ese sueño.

Pero si conseguir esto es difícil, si no imposible sin el apoyo institucional o privado, más difícil es conservarlo. Es como si consigues el coche de tus sueños pero después no puedes pagar la gasolina, las reparaciones o el seguro. Ahí es donde está la labor titánica de todos los voluntarios que han pasado todos estos años por el refugio, que ya cuenta con más de tres décadas a sus espaldas.

El refugio ha crecido en este tiempo y las de ahora son las segundas instalaciones. Está en un paraje de marisma, en el extra-radio del núcleo urbano de Los Palacios y Villafranca, muy cerquita de Doñana, y aunque el clima azota a perros y voluntarios en las tardes de estío y en los días rigurosos del invierno, las puestas de sol y el fresco al final de la jornada nos parecen el pago al duro trabajo diario cuando todos nuestros peluditos se aprestan al descanso en silencio.

Nuestro refugio es modesto, pero los perros tienen cuatro paredes y un techo, una cama donde echarse y lo suficiente para calmar su sed y su apetito. También tienen un espacio para correr un rato todos los días. Pero lo más valioso que tienen para ellos son las atenciones que reciben de nuestros voluntarios, sus caricias y sus mimos, con los que aprenden a vivir sin miedo..

En fin, aunque hacen falta muchos recursos para mantener y mejorar nuestro refugio, lo suplimos con el esfuerzo y el buen hacer de nuestros voluntarios, pero ese es otro capítulo de nuestra historia y mientras lo contamos, nos basta con saber que por ahora disponemos de un lugar donde viven vuestros futuros amigos. Esperamos que no por mucho tiempo, y que estos peludos salgan pronto con una familia.